Al hilo de las ensoñaciones...

sábado, 21 de marzo de 2020

Diario del encierro
Segunda parte


20 de marzo de 2020
Hoy la idea de la muerte a nivel global ha visitado el silencio de forma intermitente. Una preocupación que no dejo crecer demasiado por si acaso no la pudiera gestionar. Temo que creciera más y no entraramos las dos en casa. Así que hoy la he tenido de invitada  a mi lado y se ha sentado a la mesa, la he dejado hablar para que pudiera irse en paz.
La imagen de los féretros apilados en Bérgamo, donde estuve este verano, me parece inverosímil. La muerte en nuestro mundo occidental parece inverosímil, no esta muerte, ni la guerra, ni el sufrimiento, ni el miedo. Todo eso está en los márgenes de nuestra realidad, y ahora una parte del margen ha invadido la cotidianeidad. ¿Cómo es entonces el margen para los que no tienen nada? Nunca salimos realmente del sueño ilustrado, en el fondo no se aprendió. Pensamos que éramos intocables, que el progreso (“¿Progreso?”) nos había hecho casi invencibles. Y hoy, como sucedió con Fukushima, la vida de nuevo nos sacude y nos recuerda a algunos humanos (porque otros ya lo sabían) que somos funambulistas de cristal cruzando el universo. Y mientras, en mi monólogo interior pienso en las prostitutas que hay en la calle detrás de la mía. Son muy mayores y me pregunto de qué vivirán estos días. De todos mis vecinos, es de ellas de quien más me he acordado.  Es sencillo quejarse con una nómina, una casa y un sistema inmune no comprometido por el sida. Los hay que podemos quedarnos en casa…
Y de pronto, saliendo de mí he empezado a tener sentimientos tan enfrentados hacia la humanidad que acababa derivando la mirada hacia mis plantas para no sentir más. Nos he amado intensamente y nos he odiado a ratos. Es la ceguera diaria lo que me desespera. Hoy de pronto es importante que los enfermos tengan televisión gratuita en los hospitales, ¿Y hace un mes? Hoy sabemos lo dura que es la vida de los autónomos que no pueden cerrar ¿Y hace un mes? Las personas sin techo son más vulnerables más… pero ya lo eran. Los ancianos ya morían solos hace un mes… hoy más ¿Por qué vemos hoy a esas personas y no las veíamos ayer? Porque hoy nosotros, los que estamos en el lado correcto del margen, hoy nosotros también tenemos miedo, y quizá de pronto el sueño se ha roto. Ya no somos invencibles, y aunque nunca lo fuimos, nos hemos puesto tantas veces el disfraz de amos que nos lo hemos acabado creyendo.
Invencibles con los ojos tapados. Un enemigo invisible es el peor de todos los enemigos. La idea de cerrar una frontera a algo microscópico parece una broma de mal gusto.
La idea de la muerte de ha quedado después de la comida, pero desde la tarde la acompaña la fantasía en la que la naturaleza toma parte del mundo robado. La imaginación crea baldosas llenas de hierba y flores en los bordes, animales acercándose sin miedo a las ciudades. La muerte y la vida se piden el turno de palabra. Chernobil ahora un vergel radioactivo. Imagina igual nuestras ciudades casi sin humo, gatos casi sin miedo… Un lugar donde el miedo ha cambiado de bando un poco. Imagina la imaginación lo mismo que el país de la Bella Durmiente invadido por la maleza.
Mis tomates no le temen al virus, las plantas que están ajenas a todo me conectan con la primavera… es primavera, por fin.
Las invitadas probablemente se quedarán hoy a cenar.