Aquella onírica apariencia rompió la brida. Atadas las entrañas a la tierra. Saltó aérea la vida, ingrávida se fue posando como una pluma sobre la luz crepuscular y se meció durante mil años.
Fue abandonando el cuerpo a su suerte,
desoyendo.
Mientras, la mágica apariencia se vistió de plomo.
Arreciaba un viento norte.
Posó los pies descalzos sobre el amado bosque sabiendo que nunca hubo alas y,
con algo de sangre en los sueños, comenzó a buscar de nuevo el camino.
Al hilo de las ensoñaciones...
domingo, 24 de mayo de 2015
Fuga
martes, 19 de mayo de 2015
La manada
Ayer salí de nuevo a correr con ellos al monte, con Perla la mastín atigrada, y con Rex, el labrador.
Lo normal es que Perla se adentre mucho en el monte detrás de una ardilla, corzo, tejón, jabalí. Es la más rápida, la más independiente y la mejor sobre el terreno. Rex, en cambio, va siempre por detrás. Aún así, me parecen tan poderosos cuando estamos solos, que no dejo de admirarme.
Hay muchas cosas que yo ni oigo ni veo y que, con un poco de suerte, no veo hasta que no lo tengo encima. De las pocas veces que miramos los tres a un tiempo (tiene que ser un bicho muy ruidoso), me hace una ilusión tremenda. Una descubre que no deja de ser más que una mona pelada, con conciencia de sí, pero casi ciega, casi sorda, casi sin olfato y muy lenta.
Lo normal es que Perla se adentre mucho en el monte detrás de una ardilla, corzo, tejón, jabalí. Es la más rápida, la más independiente y la mejor sobre el terreno. Rex, en cambio, va siempre por detrás. Aún así, me parecen tan poderosos cuando estamos solos, que no dejo de admirarme.
Hay muchas cosas que yo ni oigo ni veo y que, con un poco de suerte, no veo hasta que no lo tengo encima. De las pocas veces que miramos los tres a un tiempo (tiene que ser un bicho muy ruidoso), me hace una ilusión tremenda. Una descubre que no deja de ser más que una mona pelada, con conciencia de sí, pero casi ciega, casi sorda, casi sin olfato y muy lenta.
Hay un momento precioso cuando los
perros abandonan la espesura del bosque y regresan al camino para correr al lado
de la humana. Son pocos minutos y nunca sé porqué lo hacen. Hay ciertos tramos o situaciones en
las que corren a mi lado o detrás de mi, hay veces que paran y me esperan, veces
que, cuando voy muy cansada, Rex viene a mi lado y me lame la mano.
Esa sensación de protección y de camaradería, lo
confieso, no es algo que me suceda a menudo con humanos. No al menos de un modo
tan orgánico y tan inmediato. Carece de dobleces, nos gusta estar juntos,
correr juntos. Así de sencillo.
Está claro que los seres humanos somos sociedad en un
proceso recíproco, somos humanos por tener sociedad y por tenerla nos
convertimos en humanos. Pero en determinadas circunstancias en las que predomina el cuerpo y la mente se centra sólo en ahora, me gusta creer que
abandonamos el pensamiento simbólico, que descienden nuestros
umbrales sensitivos y asoma tímidamente lo que de animales hay en nosotros.
jueves, 14 de mayo de 2015
La alfarera
De entre todas las mujeres, una reclama sangre. De entre todas, apenas sin sostener el peso
de mil, hoy una quiere sangre: obscena, cruel, aún sin domesticar, es sexo que se escapó a la doma.
La preferida, la más odiada.
Mientras otra calla y busca la mordaza por miedo, no quiere que hable. Se tapa los oídos y canta para dentro.
Pero hay una que se abraza las rodillas y se muerde el
labio, piensa rápido, rápido
antes de que se seque el barro.
domingo, 10 de mayo de 2015
Lo que las palabras guardan
Quizá si tuviera opción de poder
hablar esto con detenimiento, no sentiría la imperiosa necesidad de escribirlo.
Quizá si lo entendiera, tampoco. Pero escribir es una manera de organizar el
pensamiento. Aún así, hay modos de pensar y, probablemente porque mi
adolescencia fue compartida con mi gran amiga e interlocutora L., quizá por
eso, mi pensar es dialéctico. Es por eso que suelo necesitar de otra persona para ir andando con los pensares
Tanto preludio, tanto preludio…
Ayer tuve una tarde de lo más
interesante. Tomando café en casa de mi vecina, tuvo lugar una lección sobre
vocabulario de la siega. Todo comenzó porque otra mujer que había allí, amiga
de mi vecina, preguntó cuántos “mollos tiña un face”. Le respondieron que 40.
Claro, de esas palabras yo entendí, “face”
(haz) “tiña” (tenía) y “un”. Hombre, estaba más o menos claro que
hablando de trigo, un mollo sería un manojo o algo así y un face varios mollos.
El caso es que empecé a
preguntar, aprovechando además, que la señora amiga de mi vecina, no se había
percatado de que yo no era gallega. Lo cual, os garantizo es una tranquilidad y
una ventaja, porque de ese modo ella estaría relajada, no intentaría traducir
ninguna palabra y yo tendría una ocasión excepcional de poder aprender un
montón de palabras, como así fue. Cuando alguien se da cuenta de que procedes
de otro planeta distinto, la comunicación se hace mucho más difícil, porque
automáticamente estás situado fuera. Eso no significa que no te aprecien y te
quieran, todo lo contrario, la hospitalidad del norte es increíble, pero desde
fuera sólo se puede acceder a una parte muy pequeña de una cultura. En cambio,
cuando puedes transitar desde dentro y desde fuera, la comprensión es mucho
mayor.
En antropología es lo que se
conoce como distinción ETIC-EMIC. No me voy a extender en este punto, si os
mola la antropología podéis mirar en Marvin Harris que fue quien acuñó la
definición etic y emic para esta disciplina.
El caso es que para conocer las
palabras me tuvieron que ir explicando cómo era el proceso, porque no he segado
en mi vida. Así que fui aprendiendo qué era un marroto, una meda, segar a puño,
segar a golpe, etc.
Por la tarde fui de paseo con C.,
Tenía duda sobre el nombre de dos plantas: carqueixa y carpanza (bueno, esta
historia es algo mayor, pero la simplifico). Me enseñó que la carqueixa se
empleaba para encender el fuego. También me habló de la diferencia entre
carpanza y uz, entre uz moural y blancal. A la uz moural también le llamó
rubial, y añadió “non ves como rubean os montes?”. “Rubio” en galego hace
referencia a colores encarnados o muy vivos. Me enseñó que la uz blanca
ramifica más alto y la moural tiene raíces más profundas y es por ello que se
emplea para hacer carbón.
![]() |
| Carpanza |
![]() |
| Carqueixa |
![]() |
| Uz blanca |
![]() |
| Al fondo se ve una meda. Aira da casa da Pena, San Martín de Suarna |
![]() |
| Mallega. Casa do Blanquín. San Martín de Suarna |
Fue una ocasión estupenda para
que me explicara cómo se hacía el carbón, porque justo el día anterior había
acabado de hacerlo junto con O. Habían echado cuatro días en el monte para
hacerlo. Salieron varias palabras que no apunté y que no conocía, pero el
ataque de risa me entró cuando me dijo que finalmente se “coañaba o carbón”, yo
le pregunté que qué era eso, y me dijo “igual que na mallega ó final, coañábase
a puxa”. No sólo no me aclaró, sino que complicó todo aún más. A mallega sé que
es el equivalente con diferencias a trillar. Pero claro, ni idea de lo que era
a puxa. Vuelta a la situación inicial, al no haber participado nunca en una
mallega, ni flores de lo que era “a puxa”. Así que me tuvo que hacer un resumen
somero otra vez.
Finalmente, como definición inexacta “coañar” deduje
que era separar dos elementos mediante
un “vasoiro” (escoba hecha de “xestas” habitualmente, un tipo de retama de flor
blanca o con uz).
Por la noche, para continuar las lecciones, decidí llamar a mi padre para que me dijera qué palabras se utilizaban en su pueblo (Las Herencias, Castilla la Mancha), porque al ser trabajos que se han perdido son palabras que también se perderán, tenía mucha curiosidad por saber cuánto de diferentes eran en castellano-manchego. Tela, mi padre tiene estudios básicos, pero mi madre y él son dos personas con una curiosidad muy viva por conocer y una gran cultura. Sé que mi padre y mi madre siempre han lamentado no poder enseñarme más, pero realmente ha sido mucho lo que he aprendido y sigo aprendiendo de ellos.
Así que, mi padre lleno de alegría de poder enseñarme algo, comenzó por explicarme desde que se sembraba el trigo. Aprendí la diferencia entre el barbecho, un eirazo y el rastrojo, lo que es alzar la tierra, binar, terciar. También allí se segaba a golpe y a puño, en las Herencias a cuadrado, en San Román (el pueblo de mi madre) en fila. En fin, un montón de palabras.
Me preguntó si quería saber cómo se hacía el pimentón, porque también lo había hecho. Aluciné. Luego me explicó cómo se sembraba el tabaco. Si conocéis a mi padre, os animo a que os toméis un chato de vino con él y que os lo cuente.
Cuando terminé le dije a C., que
me había encantado oír a mi padre contar todo eso, pero que en cierta manera,
había un poso muy grande de tristeza en su voz cuando de vez en cuando paraba
para decir, “tú verás, no voy a saberlo. Pero si he tenido que hacer de todo”.
C., que es un hombre de una
inteligencia brillante, me dijo: “normal, ¿non te das conta de que tiveron que
aprender un oficio para ter que logo cambiar de vida? O que viveron ó final non
era o que estaban destinados a vivir.
Recordé todos los años en Madrid,
el modo en que mi padre veía algunos programas de la dos como el que mira por
una ventana para coger oxígeno. La tristeza que le invadía a él y a mi hermano
cuando volvíamos del pueblo. Todos los años que mi madre y él vivieron en lo
que llamaban “la cárcel”, para garantizar que nosotros pudiéramos estudiar para
tener un futuro mejor que ellos.
Vuelvo la vista atrás y me vienen
pensamientos sin hilar. El sacrificio de mis padres fue el sacrificio de su
libertad, de su tierra y en cierto modo de su cultura. Pienso además que este puto sistema no necesita
a alguien que haya estudiado lo que he estudiado yo, que es mentira que
estudiar me haya dado un futuro mejor. Que
el capitalismo es un parásito indestructible que se busca las mañas para
mantenernos con vida pero sin llegar a levantar nunca del todo la cabeza. Que
muta y que nos ha hecho necesitarle.
Finalmente me viene a la cabeza
el epílogo del libro “Puerca tierra” de John Berger (gracias M. por hacérmelo
conocer). Que si no lo habéis leído os lo recomiendo. Decía, que las economías
de subsistencia son las únicas que ponen en peligro a este sistema parásito que
es el capitalismo.
Aquí un fragmento del epílogo
Aquí un fragmento del epílogo
Entonces, me sentí inmensamente
afortunada, porque Galicia, en su agónica existencia me está mostrando una
fracción de una cierta rebeldía ignota que radica en su seno. Pese a todo, pese a políticas que van
encaminadas a su destrucción, cierto paganismo
pervive, tres cocinas llegan a coexistir en un hogar y la riqueza de
vocabulario boceta a los ojos de cualquiera, un patrimonio cultural inmenso que
entre otras cosas, ayer me llevó a conocer un poco más mi hogar, pero
también mis raíces.
Nota:
Un vecino de un pueblo cercano, me hizo unas correcciones, transcribo:
"Unha coañeira ou cuañeira non é un basueiro ou baxase. Se este é pequeno a outra é grande. O de xesta facíase sobre todo pra casa e pro forno,aínda que neste caso tamén se usa boxe pq aguanta ben sin queimarse. As coañeiras son habitualmente de budueira"
Gracias,L.!!
A, por cierto, es uno de los que sale en el vídeo.
Un vecino de un pueblo cercano, me hizo unas correcciones, transcribo:
"Unha coañeira ou cuañeira non é un basueiro ou baxase. Se este é pequeno a outra é grande. O de xesta facíase sobre todo pra casa e pro forno,aínda que neste caso tamén se usa boxe pq aguanta ben sin queimarse. As coañeiras son habitualmente de budueira"
Gracias,L.!!
A, por cierto, es uno de los que sale en el vídeo.
jueves, 9 de abril de 2015
Otro ladrillo en el muro. Sobre pedagogía
A esta alturas de la película, creo que en lo que soy
realmente profesional es en estudiar, en educación formal, me refiero.
Me licencié en Filosofía, Escuela oficial de Idiomas , un
porrón de cursillos para formación del profesorado, charlas, ciclos de conferencias, cursos de cocina, de relato corto. En fin, he seguido
una línea progresiva. Hace dos años hice un experto universitario en Nutrición Comunitaria y ese mismo año tomé la decisión que me devolvería al instituto y
al otro lado de la pizarra, frente a ella. Decidí estudiar FP, dietética para
más señas.
Desde la óptica más superficial de la situación, tengo que
decir que el cambio de disciplina ha sido muy interesante. Ir de lo más
abstracto a lo más concreto, de los "por qués" a los cómos y a los “para qués”,
del ser en sí a la materia, ha sido una experiencia intelectual muy satisfactoria.
No obstante, necesito ser sincera, necesito liberar este peso de lo políticamente correcto
que he ido acarreando durante estos dos cursos. Disparo.
Estudiar sin confianza, eso quizá es la primera cuestión.
Cuando comienzas Fp descubres una verdad terrible, terrible, a saber, al menos en el ámbito sanitario,
cualquier persona con una titulación universitaria del campo sanitario puede
impartir clases de cualquier (cualquier) fp de esa misma familia.
Esto ¿En qué se traduce?, en que un podólogo puede dar clase
de prótesis dental, una fisioterapeuta puede dar clase de microbiología, un
farmacéutico puede dar clase de peluquería. Me preguntaréis ¿Y eso pasa?, pasa, palabrita y me parece quizá una de las
claves para entender lo que he vivido académicamente al menos durante una parte
de la titulación.
De entrada ya desconfías cuando sabes esto, pero oye,
también yo di clases de historia o de historia y cultura de las religiones y
realmente mis conocimientos eran muy limitados. Así que conservas algo de fe.
Sabes que lo normal es estudiar para saber al menos una clase más que los
alumnos, ser honrada, no contestar lo que no sabes y estudiar.
Pero mira por donde, las cosas no siempre son así. Por lo que
he podido averiguar, lo normal es que los profesores cambien de centro o de
materia con cierta frecuencia, llegando a suponer un hastío vital y una desidia
a la hora de comprometerse con el trabajo y por tanto preparar correctamente
las clases.
Es una cuestión de suerte, si la que te da fisiología es
médico o enfermera, pues mejor para ella
y para ti, pero si tienes la desgracia de tener profesores que aparte de
no tener ni idea de la materia que imparten, encima tienen la… tendencia vital o
la circunstancia existencial de no prepararse las clases, vas de culo.
Esto acaba en el mejor de los casos en una profunda
inseguridad acerca de los contenido que estás recibiendo, y digo recibir y no
aprender, porque si académicamente no tienen ni idea y no se preparan las
clases, que sean buenos pedagógicamente hablando ya sería una señal de la
existencia del Altísimo (Gasol no, el otro Altísimo)
-En este punto tuve que dejar de escribir porque me empecé a
calentar yo sola y quiero ser clara y ordenada en esta catarsis pública-
Del mismo modo en que el alumno tiene cierta desconfianza,
se va generando un clima de pérdida de respeto. Por un lado es muy difícil
tener respeto por una persona que te falta al respeto a ti no preparándose las
clases. En este punto me encantaría aclarar, que por preparar las clases me
refiero al mínimo de leerse antes de salir de casa la presentación que se han
bajado de Internet.
Bien, como decía, poco respeto te merece alguien para quien
eres lo suficientemente insignificante como para no hacer bien su trabajo
contigo. Además, no deja de recibirse como un insulto a la inteligencia humana el
hecho de que piensen que los alumnos no se dan cuenta de esas cosas. Se dan
cuenta, compañeros de profesión, se dan cuenta hasta los más jóvenes. De cuando
no tienes ni idea e intentas salir del paso, de cuando no te apetece dar clase
y traes ejercicios para hacer durante dos horas, que ni has hecho ni sirven
para nada, mientras tú sales a cotillear con tu compañera de la clase de al
lado. De todo eso se dan cuenta.
La falta de respeto y la inseguridad es por ambas partes, lo
cual genera en el profesor una muy incómoda situación, porque no saben y el
resto sabemos que no saben. Una persona que no domina la situación y que posee
lo que ella piensa que es poder, gestiona esa debilidad habitualmente
machacando a quien considera más débil o a quien le pueda suponer una amenaza.
Si ese profesor no tiene poder, su supervivencia en clase
dependerá de la buena voluntad de los alumnos.
Esto en cuanto a las relaciones, en cuanto a lo puramente
académico, esta inseguridad se traduce en perder el máximo tiempo posible
evadiendo las cuestiones fundamentales de lo que se está aprendiendo. Perder el
tiempo para no enfrentarse con la materia y por tanto con su propia ignorancia.
Esto ha sido un espoleo para aprender más, en mi caso una
motivación para compensar carencias y sobre todo, una lección magistral de
didáctica.
Desde el otro lado de la pizarra he visto:
-
Que la desgana y la desidia del profesor son
palpables y poderosos motores para la pérdida de credibilidad y respeto. Ojo,
no confundir con el cansancio, que eso los alumnos lo suelen respetar.
-
Que las clases preparadas con antelación, son
percibidas como una señal de consideración, afecto y respeto, y viceversa. Y
dan bastante buen resultado.
-
Que los profesores que verdaderamente quieren
enseñar, aunque no lo hagan bien, son queridos y respetados.
-
No puedes exigir puntualidad si no la ofreces.
-
Tus alumnos no aprenden más si los exámenes son
imposibles. Se enseña a diario, con lo que se dice y con lo que no, y
principalmente con lo que no.
-
Imprescindible hacernos mirar lo de los
favoritismos, los nombres que uno se aprende primero (aparte de los de la
última fila), preguntar siempre al mismo, tratar de diferente manera dejando
entrever las preferencias… Mal rollo. Y se ve, se ve más de lo que pensamos. Yo
misma he reconocido a posteriori este error garrafal.
-
Prejuzgar a la gente de la última fila es un
error poco ético que se suele pagar muy caro. Ha sido un privilegio, quizá uno
de los mayores, poder acercarme a esa gente desde otra ángulo. Y percibir con mis propios ojos el significado
del efecto Pigmalión.
-
Nos pagan por enseñar, a los de la primera fila
y a los de la última, y en nuestra mano debería estar saber acercarnos a la
gente que no quiere o no puede hacer las cosas como nos da la gana.
-
Los alumnos oyen, prometido. Oyen los
comentarios por los pasillos, oyen decir, “esa alumna es muy cortita la pobre” o “es una clase
malísima, han aprobado dos”. Oyen las risas y los insultos. Y luego querremos
respeto.
Es imposible no retrotraerme a
cuando hice el BUP y el COU, tuve grandísimos profesores y profesoras, gente
que me motivó para querer saber, para crecer, que nos entregó técnicas para ser
críticos, pero sobre todas esas cosas, eran personas a las que les
importábamos, nos apreciaban, querían tirar de nosotros, sacar lo mejor de
nosotros. Eran buenos en su materia y buenas personas, gente sin miedo.
Afortunadamente, en este último
año, he encontrado profesoras que me han quitado el mal sabor de boca y me han
mostrado la cara más grata de la Fp, gente formada y con ganas de enseñar,
gastando dioptrías corrigiendo y buscando el modo de hacernos llegar el
mensaje. He tenido este año muy grandes
profesoras formadas, con ganas y con capacidad para enseñar, que me han
devuelto la alegría y la fe.
A todos y a mis nuevos compañeros
a mis viejos compañeros de batalla del año pasado (porque era la guerra), a
todos los profesores que me ayudaron a ser la persona que soy y al grupo de
parásitos del estado que me ha dado una lección magistral sobre cómo no hacer
las cosas, gracias, gracias y mil gracias.
Pocas veces puede una persona
viajar al pasado y muchas veces nos preguntamos cómo sería si volviéramos al
instituto siendo el adulto que somos. Pues bien, he tenido la suerte de poder
vivirlo, de conocer a gente excepcional y comprobar que hay asuntos que el
tiempo no cierra, somos nosotros los que debemos hacerlo.
Donde la empatía no llegó, lo
hizo la vida. Una gran lección.
lunes, 23 de marzo de 2015
La memoria
Todo estaba dibujado en la pequeña libreta gris que llevaba en el bolsillo de su pantalón. Hacía tanto tiempo, que había olvidado para lo que la usaba.
El último boceto era de hacía 27 años y después de Roberto no hubo más niños. Avanzó lentamente con la memoria en el bolsillo. Mientras se alejaba, el silencio ensordecedor fue el único testigo de como moría otro pueblo.
El último boceto era de hacía 27 años y después de Roberto no hubo más niños. Avanzó lentamente con la memoria en el bolsillo. Mientras se alejaba, el silencio ensordecedor fue el único testigo de como moría otro pueblo.
sábado, 14 de marzo de 2015
Mezquindad
Le dedico este post a mi chica punk, que nunca agacha la cabeza y pelea de frente hasta sin fuerzas.
Llevo unos días con una palabra que me ronda la cabeza,
mezquino, mezquindad. En concreto tres acontecimientos vitales, uno de los
cuales me toca de lleno, me han llevado a querer indagar sobre el porqué me
asaltó esta palabra para describir tres hechos aparentemente tan diferentes.
Los dos que no me atañen directamente no los explicaré por
preservar la identidad de las personas que lo han sufrido (el comportamiento
mezquino de otras), lo que me sucedió a mí, supongo que le dedicaré un post
para desquitarme. No es grave, ha sido mi bienvenida al mundo de los técnicos
superiores, para que deje de creer en los reyes magos incluso antes de poder
llegar a ilusionarme. Punto y final, ahora abstraigamos.
He lanzado la pregunta en Facebook acerca de lo que
consideran mezquino, y esto es lo que me han respondido.
Y esto otro es lo que dice la Real Academia de la Lengua
Española.
1. adj. Que escatima
excesivamente en el gasto.
6. m. En la Edad Media, siervo de la gleba, de origen español, a
diferencia del exarico, que era de origen moro.
Por lo que veo, todos tenemos una idea bastante aproximada
de lo que es la mezquindad, me resulta curioso que sea una palabra muy común, y
su uso en cambio no lo sea tanto.
En mi secuencia mental casi seguí las distintas acepciones
de la RAE, que fue más o menos esto:
3. adj. Pequeño, diminuto.
Lo primero que se me vino a la cabeza es que una persona mezquina era alguien con
un claro complejo de inferioridad o en una situación en la que, considerándose
demasiado débil o sin valor, realizaría un ataque lateral, sin mostrarse.
Alguien que sabiéndose insignificante pero con necesidad de hacer daño, sólo le queda atacar por la espalda o indirectamente. Y eso me llevó a la segunda
cuestión.
2. adj. Falto de nobleza de espíritu
Actuar a la espalda, mostrar cobardía y sin embargo querer
herir, no ir de frente, demuestra una bajeza moral terrible, porque no da la
opción al adversario de poder defenderse. Las puñaladas traperas y los golpes bajos, siempre ha
producido un profundo asco, y un delito imperdonable.
Esa bajeza moral, es la clase de comportamiento que todos en
nuestra vida intentamos olvidar o negar que sucedieron, pero como parte
inherente al ser humano está la de ser cobarde y equivocarse alguna vez. La
grandeza radica en que el mero recuerdo de ese error nos duela (creo)
4. adj. p. us. Pobre, necesitado, falto de lo necesario.
La mezquindad es una condición vital, no es un error
puntual, sino que alguien así, lo será en casi todas las esferas de su vida
donde pueda serlo. La cobardía y el resguardo de no ser visto, es
ciertamente cómodo, además de ser la única fuente de poder de su miserable
vida.
Las personas
mezquinas, pisan a quienes consideran inferiores a ellos para poder olvidar su calaña moral, la pequeñez de su espíritu y su falta de valor y
generosidad humana. Solo se olvidan de
tu ingente pequeñez cuando logran empequeñecer aún más a alguien con sus actos.
6. m. En la Edad Media, siervo de la gleba, de origen español, a
diferencia del exarico, que era de origen moro.
No es de extrañar que ante quien no tengan ese poder (esto es,personas que perciben como seres
superiores) se sientan pequeños y desprotegidos. Para poder paliar sus carencias y no sentirse desamparados ante esos “seres superiores”, tenderán a tener un comportamiento arrastrado y zalamero.
superiores) se sientan pequeños y desprotegidos. Para poder paliar sus carencias y no sentirse desamparados ante esos “seres superiores”, tenderán a tener un comportamiento arrastrado y zalamero.
Se me viene a la cabeza la imagen de un señor con ojos
lastimeros, frotándose las manos mientras sonríe las gracias de señor y agacha
la cabeza.
5. adj. desus. Desdichado, desgraciado, infeliz.
Las personas mezquinas son tan insignificantes, que no
tienen ni entidad para producir odio. Cuando pensamos en alguien mezquino, lo
que sentimos es asco, un profundo y visceral asco, como un alimento en mal
estado, vomitamos ante la presencia de alguien tan bajo en la escala de los
seres humanos.
Pobres infelices, condenados de por vida a mirar al espejo y
contemplar a un ser que lo único que acaba produciendo es lástima.
Nota: Esta entrada no hubiera sido posible sin la imagen
permanente en mi cabeza de una mujer que me ha llegado a producir nauseas
literalmente.
Desgraciadamente la mezquindad es la condición que está haciendo
de este mundo algo verdaderamente inhabitable.
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