Al hilo de las ensoñaciones...

viernes, 30 de enero de 2015

La vaca es de donde ríe


El otro día mientras conducía me asaltó, lo que más tarde me di cuenta, era la confluencia de varias noticias.
El germen de la reflexión comenzó con la pregunta sobre el humor. Más tarde contaré cómo llegué ahí. Realmente nunca me había parado a pensar qué es el humor, el porqué algo nos provoca la risa. Qué ingredientes ha de tener algo para que resulte cómico.
Tirando del hilo, empecé a hacer una enumeración de las cualidades que, desde mi punto de vista tiene un buen humorista. Sabiendo que no cualquier persona sabe hacer reír y sin pensarlo mucho concluí que es la expresión de una compleja suma de habilidades intelectuales y emocionales.
Un libro del que es imposible disfrutar sin saber inglés
¿Qué nos hace gracia? que aquello de lo que se habla sea conocido y vivido por la persona que escucha, esto implica necesariamente que el humorista conozca profundamente la realidad social, política y económica.  Hay bromas en los Simpson que históricamente nadie ha cogido en España, porque la realidad de la que hablan nos es ajena. También hay bromas universales, esas que se refieren a lo humano, esto es, nuestras miserias en común.
Los dobles sentidos, juegos de palabra, la ironía, ¿Os fijáis en lo complicado que es hacer un juego de palabras ingenioso y gracioso? ¿Lo complicado de ser irónico sin herir o parecer amargo?
Hay una parte en el humor que creo, requiere de cierta inteligencia emocional. Por un lado implica haber vivido aquello de lo que se habla, o al menos haber sido capaz de ponerse en situación. De nada sirve hablar de algo que no nos llama la atención, que no hemos sufrido o sentido previamente. 
Por otro lado, hacer humor requiere interpretar la situación para que resulte creíble y ser especialmente sensible al oyente o interlocutor, ser capaz de detectar cómo está recibiendo el mensaje, y poder interactuar.
Realmente todo ello no explica lo que es el humor, que parece que destila como una epifanía de la suma de todas esas habilidades. El concepto del humor se me escapaba. Estaba en un callejón sin salida, así que seguí pensando.
Si no sé lo que es el humor, al menos, ¿Qué nos hace gracia? Mirando hacia dentro, creo que nos hace reír aquello que habla de nosotros y que en cierto modo nos identifica.
Nos reímos cuando entendemos el significado de las palabras, de los juegos, de la realidad que distorsiona, cuando nos vemos claramente reflejados y cuando consideramos nuestro el mundo del que habla.
Incluso cuando es cruel el humor y se ríe de otra persona, sigue siendo alguien que forma parte del mundo en que vivimos y que nos afecta.
No leí nunca la revista Charlie Hebdo, de hecho, no conocía de su existencia. Las caricaturas que vi no me hicieron ninguna gracia. Supongo que en Francia tendrán sentido. Pero pensé en que muy poco se ha analizado el gran fracaso del sistema y el mundo en el que vivimos  y vivían esos dos chicos que mataron a los dibujantes. No sólo no se sentían parte de ese mundo, sino que lo odiaron tanto que fueron capaces de asesinar. ¿Qué está sucediendo?
En la secuencia de pensamiento, enlacé en este punto con una noticia que decía que habían resuelto darle la nacionalidad a una persona que llevaba años viviendo en España, después de haberle hecho un examen con preguntas que pocos españoles sabrían responder. Le habían denegado la nacionalidad, recurrió y a los cuatro años los tribunales decidieron que ese examen no era válido y le concedieron la nacionalidad.
La pregunta por la identidad me ha asediado toda la vida, quienes somos, como nos hacemos, es todo real o una máscara, de dónde soy en realidad… El tema de la nacionalidad, nación y patria, realmente supera con creces mi capacidad de raciocinio. Me parece un tema tan complejo con tantas variables, factores e historia, que no soy capaz siquiera de hacerme una composición de esas cuestiones. ¿Qué es la nacionalidad? ¿Cómo alguien puede resolver el tema de darle la nacionalidad a alguien?, ¿Cuál es el criterio? ¿De dónde somos de donde vivimos, de donde hemos nacido, de la cultura en la que nos criamos?, ¿Somos todos estadounidenses de distintos colores? ¿En qué se basa un funcionario para decirle a una persona inmigrante que lleva años viviendo en otro país, que ya es de ahí?
De pronto como una aparición de la Virgen del Buen Camino, lo vi claro, el humor, las bromas, los chistes, los monólogos. Ahí estaba la clave, disfrazada de Carlos Blanco y Luis Davila. Los test para obtener la nacionalidad deberían ser monólogos humorísticos. Nadie que no esté bien integrado, cómodo y sea conocedor de una cultura es capaz de reírse con las bromas que nacen de ella.

Seguí soñando… sería tan bonito tener que salir de un examen llorando de la risa por una vez…

jueves, 1 de enero de 2015

Valor. "The help"

Como cuando te comes un pastel muy rico y piensas que algo va mal. Analizas porqué te gusta tanto  y descubres que hay dos ingredientes mágicos en cualquier postre, que lo hacen infalible, a saber; el azúcar y una grasa adecuada.
Acabo de ver “Criadas y señoras”, no diré que no me gusta, me ha gustado mucho. Pero me ha parecido una versión la realidad más comestible que el libro “El color púrpura”, con un sabor más intenso a la bilis más amarga del ser humano. Una realidad que sigue siendo de esas bastante oculta, como tantas otras en las que las protagonistas son mujeres de raza que no sea blanca.
Creo recordar que en una de las partes del libro decía: “eres negra, eres esclava, eres lesbiana, no vales nada”
Una versión de fácil digestión.
Iba pensando varias cosas mientras la veía. Me ha gustado cuando dice su protagonista: “fue la primera niña en quedarse embarazada”. Pensaba, con qué pocas palabras se puede llegar a decir tanto. ¿Cuántas niñas en cuerpos adultos? ¿Cuántas de nosotras somos aún crías? ¿Cuántas metidas en la puta espiral de parir sin haber terminado de crecer aún? ¿Entregando miedos a los hijos que nunca nos pidieron nacer? ¿Cuántas heredando nudos y regalando redes de problemas sin resolver? El miedo, el abandono, la inseguridad, mal digeridos. Niñas cuidando niños. Niñas obligadas a crecer un poco más rápido que el niño con el que juegan a ser mayores.
Quizá soy dura escribiendo, pero es mi blog y me siento en derecho de decir lo que pienso.
Todas pensamos que no habla de nuestra vida, pero en el fondo sabemos que el carnet de padres es gratis y no te quitan puntos si la cagas.
En otro orden de cosas, pensaba en algo que decía mi amigo Manu acerca del poder. Yo decía que nos movemos por hambre, sed, sexo y cobijo. Él añadía las necesidades secundarias, el poder. Decía que el ser humano, no es sólo animal, que también está el poder como motivación a diferencia de estos. Así que puse mi cabeza a funcionar, porque por principios, me niego a creer en esa afirmación.
Pensé, “quizá la libertad nos hace un poco diferentes a los animales” (vaya por delante que la creencia  en ser animales y no humanos es la idea que cobra peso en mi concepción del mundo). Los animales se rigen por instintos, nosotros deseamos libertad. Claro, si, y ahora observemos mirada de un perro encadenado, un mono enjaulado. Dime, dime que no necesitan libertad, dime que es una necesidad humana sólo.
No.
En este punto enlazo con la película. Dice la madre de la otra protagonista, “el valor a veces se salta una generación, gracias por traerlo de nuevo a nuestra familia”. A riesgo de meter la pata por falta de madurar la idea, creo que el valor es más humano que la necesidad de poder. El valor no es una motivación, sino quizá más bien la llave de la libertad. El camino que encuentra la determinación a realizar lo que deseamos.
El valor, ¿Necesitan valor los animales? Teniendo en cuenta que su comportamiento es instictual, ¿Necesitan valor para hacer, para vivir?
No puedo dar una respuesta definitiva a esto. Estoy acostumbrada a pensar dialécticamente.
Valor, ¿en realidad qué implica tener valor? Audacia. Vencer el miedo, confiar en la capacidad de uno, querer conseguir un objetivo y marcarlo con una diana. Apresar para nosotros la oportunidad, hacerla nuestra, calcular los riesgos, hacer uso de la phroenesis. Oh  Aristóteles, ¿Dónde estás cuando se te necesita? ¿Qué es el valor?
Valor de decirnos mentalmente que sí,  de regalarnos la esperanza, la seguridad.
Esa cualidad masculina, la reclamo para nosotras, mujeres. Reclamo decir si, y decir no. Reclamo, como siempre, enseñar los dientes, atrapar la presa con los dientes y hacerla nuestra.

El tiempo es nuestro, la vida es nuestra mujeres, retornemos el valor a nuestra familia.

martes, 30 de diciembre de 2014

En la parada

Sería posible caer,

dejarse.

Ceder mansamente al momento.

Flotar.

Quizá ser presente.

Difuminar las fronteras

Olvidar los límites.

Ser cuerpo.

Sería posible olvidar.

Destruir la cadena: flujo tirano del devenir.

Solo calles abandonadas

definitivamente

a la lluvia.

Poder ser dolor.

Arrancaríamos un grito lícito

de las entrañas contenidas.

Aullaríamos como lobos.

Sin metal ni escoria,

liberaríamos de las tripas siglos cultura.

Sería posible ser hambre.

Silencio.

Demandamos el silencio.

Deshacernos suavemente.

Vencer sin esfuerzo a la gravedad.

Ser vencidos.

 

Descansar.

Levántate y anda.

Cerré los ojos cansada de tanto pelear para encontrar la salida. Creía que nunca lo conseguiría, el túnel era largo y la luz se había agotado hacía tiempo. La oscuridad era densa como una niebla, diría insomne. Inspiré hondo determinada a serenarme. Era la única salida, serenarme e intentar pensar con claridad.
El caso era, que llevaba mucho tiempo siendo bastante clara con mis pensamientos. Afortunadamente la razón casi nunca me había fallado, excepto en algún examen de matemáticas o en lógica de primero.
Inspiré hondo. Recé a mis diosas para que me ayudaran pero recordé que las diosas me habían abandonado hacía tiempo. Estaba sola.
Desde el fondo de aquella caverna desamparada, una pequeña luz titilante se iba haciendo cada vez más clara, lejana. Tanto tiempo acostumbrada a la oscuridad, sobredimensionaba aquella pequeña luz de lo que parecía ser una vela. A diferencia de la caverna de Platón, esta cueva no parecía tener salida hacia arriba, sino hacia delante.

Cerré los ojos una vez más, inspiré hondo y una voz grave y suave me dijo: “levántate y anda”. Su determinación no dejaba lugar a dudas. Levántate y anda. Tan sencillo. Levántate y anda. Andar. Eso era todo, andar, andar, andar, andar. Trotar, correr. Había estado tanto tiempo intentando pensar cómo había llegado a esa caverna, que no me había planteado  tirar hacia delante. Oh dios, qué estúpida.
Ahora daba igual, la luz seguía rutilando delante de mí, pero estaba segura de poder seguir andando a oscuras, Me sentía tan bien, tan segura, un gramo de seguridad en cada zancada. Andaba despacio, pero me movía. Notaba la humedad, el frío se atenuaba porque yo cada vez me movía con más intensidad.
Hasta ese momento no había notado el olor de la caverna, como de siglos de miedo. El olor del miedo me hacía fuerte. Me abandonaba a mi cuerpo, a mi maldito cuerpo. ¿Dónde había estado todo ese tiempo, dónde lo había dejado? Tenía piernas dios mío, tenía piernas. Un paso tras otro, otros más, uno de nuevo.
La luz ya no estaba, pero no me preocupaba, no la necesitaba, podía andar, dejaba atrás años de encierro. Las lágrimas se me acumulaban en la garganta, el sabor de la sangre agolpándose en mi boca. Metálico, caliente, los pulmones me ardían como si estuviera respirando por primera vez. Era tan libre que podía notar las cadenas que aún pesaban.
Levántate y anda. Inspiré hondo, necesitaba más oxígeno. La caverna no era lugar para estar, no podía permanecer ahí eternamente.
Si.
Sencillo.
Abrí los ojos. No contuve más el llanto, ni la risa. Inmersa en una multitud de 80.000 personas contemplé, ya fuera de la caverna, la cálida voz a mi lado. Ya no necesitaba su luz. Apagó la vela, me sonrió. Comenzaba la carrera.
Madrid era nuestro.

Y acerca de lo que sucedió luego… Es una historia que merece ser contada en otra ocasión.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Soledad

Soledad infonda, soledad antigua, soledad desconocida. 

Abisal.

Soledad echando raíces, instalando vacíos, alimentando angustias, relegando a niños el adulto que somos.

Soledad conocida.

Parece que no te vas a marchar hasta que nos veamos las caras.

Sin concesiones, nos obligas a mirar.

Un abrazo te haría irte, quizá acunarte como a un bebé.

Vienes descarada, solemne y firme. No dudas, tú nunca dudas, eres pura presencia sin dobleces ni fisuras. Eres el vacío que se encarna en las manos. Vienes para quedarte. 

¿Qué hacer contigo? No hablas, te quedas quieta con la mirada fija, algo enfadada, algo impaciente, frágil. 

Tú reclamas firmeza. ¿El suelo es tan seguro? ¿Es eso lo que pides? ¿No caer?

A veces atenazas la garganta con tu mirada de niña enfadada. ¿Qué quiere una niña enfadada?

Ahora estás aquí, a mi lado, detrás de mí. Eres la tarea que no puede esperar a mañana 

Lo mejor sería, caer a tu lado y dormir, abrazar tu amarga silueta, colmarte de cariño y hacerte retornar al tiempo ignoto sin nombre de donde sales.

Adultos llamándolo soledad existencial, niños reclamando compañía.

Soledad

jueves, 11 de diciembre de 2014

Adios Tino. Adios Cordelia

Pensé que no te quería. Pensé a veces que te odiaba, y ahora que te marchas para siempre de mi lado, siento que una parte muy bonita de mis experiencias se van contigo.
Resulta que si te quería, pero tú nunca lo sabrás.
Llegaste casi por casualidad y en parte me sentí obligada a quererte. Eras claramente el mejor. A los dos nos costó adaptarnos. A ti te costarían mis malas maneras, a mi tus formas. Estar contigo era tener más ventajas, pero yo soy una romántica y nunca había soñado contigo.
Pero recuerdo que allí estuviste al pie del cañón en la mudanza de Padrón. Mi primer año en Galicia. Silencioso y sin aspavientos pero fuiste capaz de todo.
Fuiste tú el que me enseñó los atardeceres interminables en Castilla León, tantas luces vi contigo... Tantas lunas llenas. Cada día me subías de San Martín a Fonsagrada a ritmo de Van Morrison. Sonaba "It Stone me", Una de mis canciones favoritas estará vinculada a tu recuerdo. 

Esa sensación de salir de entre la niebla y tantas emociones por vivir allí, todas ellas se intensificaban contigo, en ti las podía hacer presentes, saboreaba el incipiente amor por los paisajes que hoy me acogen como una más.
Me sentí tantas veces libre a tu lado, tan libre. Me sentí libre como nunca en mi vida, como con nadie. El mundo era nuestro, los cielos todos. Era como nadar, como no tener límites.
Me sentí protegida dentro de ti, me aguantaste, me acogiste cuando el mundo me parecía hostil, me diste valor.
Disfruté tanto a tu lado, mi mudo compañero…
Nuestro último viaje fue brutalmente bonito. Fuimos escuchando "Cuando los elefantes sueñan con la música". Decidí ir de Ferrol a Fonsagrada por Villalba y Meira. Iba pensando en Nietzsche, en las tres transformaciones, en el camello el león y el niño. Me asombré de la recta de la Terra Cha.
En un arrebato de insensatez saqué esta foto de la recta de la Terra Chá aquel fatídico día

Me asombré de cómo iba cambiando de planeta desde la costa al interior. Mientras, sonaba la música y la bonita voz de Galilea. 
Recuerdo pensar en cómo cada vez que subía me sentía llegando a casa. A Fonsagrada siempre se sube. Disfruté tanto ese último viaje. Iba contenta, era viernes y me iba a cortar el pelo.
Mi mudo compañero, irás ahora al cementerio de los coches viejos, pero una parte de mi, esa parte que se encarga del apego, te queda enormemente agradecida. Una parte de mi vida se va en tus ruedas, en cada kilómetro que hicimos juntos, en cada tarde, en cada canción que me oíste cantar. Mi mudo compañero, gracias por los kilómetros, gracias por todas las sensaciones que sólo tú y yo sabemos. Todas, incluso la de terror cuando supe que te ibas de mi lado.
Toda mi infancia me imaginé conduciendo, y ¿sabes qué? A tu lado fue exactamente como lo había imaginado.
Dicen que la energía ni se crea ni se destruye. Tus piezas acabarán siendo chatarra, pero cada instante a tu lado, lo atesoraré como una parte preciosa de mi propia historia.
Adios Tino, Adios Cordelia.